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NUTRIENTES

La cerveza contiene más de 2.000 componentes que proceden de sus ingredientes o como consecuencia del proceso de fermentación de sus materias primas.

Su composición nutricional ha generado una creciente investigación y se han publicado numerosas investigaciones científicas que confirman su actividad antioxidante y, por lo tanto, sus beneficios sobre la salud.

Vitaminas

La cerveza es una buena fuente de vitaminas, especialmente de la mayoría de vitaminas B: niacina, riboflavina (B2), pridoxina (B6) y cobalamina (B12).

Diferentes investigaciones demuestran que incluir el consumo de cerveza en la dieta genera una mayor biodisponibilidad de estas vitaminas.

Asimismo, la cerveza es una importante fuente de ácido fólico o folato (B9), esencial para el sistema nervioso y la regeneración de las células, que, también, ayuda a regular los niveles de homocisteína, factor de riesgo en enfermedades cardiovasculares, disminuye el riesgo de malformaciones en la médula espinal y previene gran parte de los defectos del tubo neural en el nacimiento. En concreto, la cerveza contiene 3 microgramos de ácido fólico por cada 100 ml.

Minerales

Según estudios de la Universidad de Extremadura y del King’s College of Londres, la cerveza posee minerales como silicio, magnesio, fósforo y potasio, que podrían estar asociados a la prevención de enfermedades óseas, disminución de riesgo de la enfermedad de Alzheimer y la mejora de los síntomas de la menopausia. Por otro lado, la cerveza es una bebida con muy bajo contenido en sodio, por lo que puede ser considerada una bebida opcional en la confección de dietas hiposódicas.

Polifenoles (antioxidantes)

La cerveza contiene polifenoles que, como antioxidantes naturales, podrían proteger contra las enfermedades cardiovasculares y contribuir en la reducción de los fenómenos oxidativos responsables del envejecimiento del organismo.

Uno de los polifenoles más destacados de la cerveza es el xanthohumol, presente en el lúpulo, que según diversas investigaciones científicas podría poseer actividad quimiopreventiva.

Maltodextrinas

Entre los componentes de la cerveza destacan las maltodextrinas naturales, carbohidratos complejos de absorción lenta que se metabolizan liberando progresivamente unidades de glucosa.

En nutrición deportiva, las maltodextrinas facilitan una adecuada hidratación, lo que sugiere que la cerveza podría considerarse como bebida apta para ser consumida, de forma moderada, por los deportistas después de la práctica de ejercicio.

Fibra soluble

Otro de los nutrientes que contiene la cerveza es la fibra soluble, que ayuda a evitar el estreñimiento y contribuye a la disminución de la hipercolesterolemia. 

El consumo moderado de cerveza ayuda a cubrir los requerimientos de fibra soluble, siendo la bebida de mayor aporte de este nutriente a nuestra dieta

 

CERVEZA Y DIETA MEDITERRÁNEA

La expresión Dieta Mediterránea engloba, no sólo la alimentación de una zona geográfica, sino un estilo de vida: las relaciones sociales que giran alrededor del hecho alimentario, el ritmo de las comidas, la forma de preparación y su consumo, los hábitos y horarios de trabajo, el uso del tiempo de ocio y la práctica de una vida activa. En definitiva, es una filosofía de vida que define la cultura y los patrones mediterráneos.

En España, las bebidas fermentadas, forman parte de nuestras tradiciones, costumbres y gastronomía y son los protagonistas de un rito tan arraigado como es el “tapeo”, que invita al encuentro social con familiares y amigos.

El consumo moderado de bebidas fermentadas puede formar parte de una alimentación saludable dentro de la Dieta Mediterránea actual, por las propiedades que le confieren su baja graduación alcohólica y las materias primas con las que están elaboradas.

De hecho, la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), incluye en la Pirámide de la Alimentación Saludable las bebidas fermentadas: cerveza, vino, cava y sidra, de forma opcional y moderada.

Asimismo, la Fundación Dieta Mediterránea,  contempla el consumo moderado de bebidas fermentadas dentro de las recomendaciones en la Pirámide de la Dieta Mediterránea, afirmando que “siempre que las creencias religiosas y sociales lo permitan, se recomienda un consumo moderado de vino u otras bebidas fermentadas, tomando como referencia, una copa al día para las mujeres y dos para los hombres.

Hay que tener en cuenta que los efectos beneficiosos de estas bebidas se observan únicamente cuando el consumo es moderado y responsable, por parte de adultos sanos, en el marco de una alimentación sana y equilibrada.

Es fundamental destacar que hay determinadas situaciones en las que el consumo de cerveza está contraindicado: durante el embarazo o en el periodo de lactancia, antes de conducir u operar maquinaria, cuando se estén tomando medicamentos o en caso de padecer determinadas enfermedades.

Según instituciones internacionales, el consumo moderado de alcohol no debe superar los 30 g/día en los hombres, tres cañas de cerveza tradicional o 600 ml y los 20 g/día para las mujeres, dos cañas o 400 ml, siendo aconsejable ingerirla acompañada de alimentos sólidos.

Hay que tener en cuenta que las personas metabolizan de distinta manera el consumo de alcohol, ya que influyen factores como el peso, el sexo, la raza y la frecuencia con la que se bebe.

 

BAJO CONTENIDO CALÓRICO

El consumo de cerveza se ha asociado popularmente a la llamada “barriga cervecera”, sin embargo, diversos estudios demuestran que esta relación es un mito y ponen en duda que exista correlación entre el consumo moderado de cerveza y la aparición de obesidad abdominal.

La realidad es que el aporte calórico de la cerveza es muy bajo. Una caña de 200 ml tiene tan sólo 90 kcal, y, en el caso de la cerveza sin alcohol, esta cantidad se reduce a una media de 34 kcal/200 ml. 

Por lo tanto, es necesario desterrar el falso mito de la “barriga cervecera” ya que la bebida no es culpable de la obesidad, sino una alimentación desequilibrada, la falta de ejercicio y, en algunos casos, la información genética.

Según el estudio “Asociación entre el consumo moderado de cerveza tradicional y sin alcohol y la composición corporal”, determina que el consumo moderado de cerveza no provoca un aumento de peso ni modificaciones en la composición corporal.

Las mediciones antropométricas realizadas a los participantes, constataron que el consumo moderado de cerveza, tanto tradicional como sin alcohol, no modifica la circunferencia del brazo, cadera y cintura; y tampoco provoca alteraciones significativas en los pliegues cutáneos.

Investigaciones internacionales ratifican estas conclusiones y señalan que el consumo de cerveza no produce un aumento de la circunferencia de la cintura. Así, la investigación “La cerveza y la obesidad: un estudio transversal”, señala que es improbable que una ingesta habitual de cerveza esté relacionada con un aumento significativo en el índice de masa corporal y en el índice cintura-cadera.

Existe una investigación que compara a consumidores moderados de cerveza con no bebedores, y concluye que las personas que ingieren cerveza presentan un índice de masa corporal significativamente menor que los no bebedores, y no muestran diferencias en el perímetro de la cintura como medida de las obesidad visceral. Así, afirma que el consumo moderado de cerveza, en el contexto de un patrón de Dieta Mediterránea, no se acompaña de un aumento de peso, de hecho, el peso era menor en los consumidores moderados, ni de aumento en el perímetro abdominal. Este estudio se vincula con otro que asegura que el consumo moderado de cerveza no modifica los hábitos de las personas que la consumen

Otra investigación realizada por la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ratifica la afirmación anterior, y demuestra que los consumidores moderados de cerveza presentan una composición corporal más adecuada que los que declaran consumos inferiores y superiores, lo que pone de manifiesto que el consumo moderado de bebidas fermentadas, como la cerveza, puede formar parte de una dieta saludable debido a que su contenido calórico es relativamente bajo.

También está demostrado que las personas que consumen cerveza de forma regular realizan una actividad física más elevada y tienen menor Índice de Masa Corporal (IMC). Así, otra investigación concluye con que el 43% de hombres consumidores habituales de cerveza realiza una actividad física muy elevada y, entre las mujeres, los porcentajes más altos de consumidoras de cerveza también realizan una actividad física media y elevada.

En conclusión, los individuos que consumen cerveza de forma moderada tienen mejores hábitos alimentarios, presentan una composición corporal más adecuada, mayores niveles de colesterol de HDL (colesterol bueno) y menores de LDL (colesterol malo) que aquellos que no la consumen.


El Beato
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